La habitación del departamento estaba impregnada de un silencio denso, apenas roto por el sonido del hielo chocando en el vaso de Nathan. Logan, aún con el cabello húmedo y la camiseta que le quedaba un poco grande, permanecía recostado en el sofá, las piernas abiertas, el cuerpo relajado en apariencia, aunque sus costillas le ardían con cada respiración. Parecía desinteresado, pero sus ojos se movían de un lado a otro con la misma rebeldía que siempre lo acompañaba.
Nathan, de pie junto al min