El vapor escapaba por la rendija de la puerta cuando Logan terminó de ducharse. El agua caliente había limpiado la sangre seca y la suciedad de la pelea, pero no había borrado los moretones ni el peso de lo que acababa de pasar. Se secó el cabello con brusquedad, la toalla blanca resbalando por su nuca, y luego se puso la ropa que Nathan le había dejado. La camiseta le quedaba un poco grande, el pantalón largo le rozaba los tobillos, pero la tela limpia era un contraste brutal con las marcas de