30. En caso de que requieras refugio
Tras aquella pequeña conversación, continuábamos caminando, su presencia, aunque imponente, me hacía sentir ligeramente a gusto.
¿Acaso era algo hereritario?
Me venía a la mente vagamente Derek. Lo miraba de reojo notando que algo en su mirada que me hacía sentir un leve cosquilleo de inquietud.
Nos detuvimos junto a un banco de madera, un lugar que parecía estar esperando por nosotros. Dirigí mi mirada al firmamento, la centelleante luminosidad de las estrellas me brindaba una sensación de paz