29. No es bueno mentirle al corazón
Permanecíamos en total silencio congelados como si la mera presencia de Sebastian nos hubiera paralizado a todos, excepto por Derek.
—Derek, se supone que esto es una celebración para conocer a mi nuera, guarda el arma.
Derek me miro fijamente, como si pidiera mi permiso para hacerlo. Con un leve asentimiento fue más que suficiente para que el, con un rápido, elegante y eficaz movimiento guardara su arma en su saco.
Derek, aparentemente solo un CEO de hoteleria, irradiaba un aura enigmática y