La pregunta resonó en mi cabeza una y otra vez, era como un eco que se abría paso en mi cráneo.
¿Embarazada?
—No, imposible —Las palabras salieron por si solas. Era más para convencerme a mí que a ella.
Pero la duda estaba instalada en mi mente, hambrienta. Los engranajes de mi cerebro moviéndose, buscando algo en mi mente que me ayude a confirmar mis palabras.
—Entonces, ¿por qué vomitaste? —La intensidad en su mirada me provocó escalofríos.
—No sabía que las mujeres solo vomitaban cuan