Me subí el vestido, colocando una liga alrededor de mi muslo para después introducir la daga que Cipriano me había obsequiado, ocultando el arma filosa.
El corazón me latía como un tambor, fuerte, retumbando en mis oídos.
Estaría frente al asesino de mi hermana, fingiendo que no era más que un invitado y yo una simple amante. Recordé la manera en la que me miró afuera de su celebración, como si hubiera algo en mi cara que se le hacía familiar.
Podría descubrirme, arruinar todo y si ese era e