La comida estaba deliciosa. Muy deliciosa. Y no podía disfrutarla como me gustaría. Pensar en lo ocurrido con Cipriano solo me amargaba el paladar.
—¿Ya viste las cámaras? —Vittoria sirvió en su plato una gran cantidad de huevos de codorniz—. Esta mañana pasé por tu habitación y encontré a un grupo de hombres instalándolas. Ni siquiera yo tengo cámaras en mi habitación. Ni en el pasillo. No sé lo que pasó en ese club y algo me dice que no me quiero enterar.
—No hablemos de eso —Resoplé, porque