Ahí estaba. El hombre de mis pesadillas. El hombre del que pensé que podía escapar.
Cipriano Grimaldi.
Sentado en el escritorio de la floristería como si fuera su trono. Con su traje oscuro, sus anillos de oro, sus ojos dorados clavados en mí como si yo fuera la única mujer en el mundo.
No, no como si. Porque en ese momento, para él, seguramente lo era.
Mi cuerpo se quedó paralizado. Las piernas me temblaban. El corazón me latía con tanta fuerza que creí que se saldría de mi pecho. Quise hu