••Narra Cipriano••
Subí las escaleras del sótano rojo sin mirar atrás. Las puertas se cerraban a mi paso, cada una con un sonido metálico que retumbaba en el vacío.
En mi oficina, abrí el cajón de la mesa. Saqué el pasaporte. Un nombre falso. Una identidad que no usaría, pero que tenía preparada por si acaso.
En Italia los entes gubernamentales sabían que era un mafioso, que esa era mi profesión, a eso me dedicaba y no importaba. La policía comía de nuestras manos, preferían hacerse los dese