Las palabras cayeron como un balde de agua fría.
El silencio en la habitación fue espeso, casi comparable con un cementerio.
—Se llama Evangelina Russell. Es la hija del contador que mi padre mató hace tres años —Su voz era calmada, letal, metiendo sus manos en los bolsillos de sus pantalones—. Está aquí por la grabación. La que tú tienes. Planeaba usarte, conseguirla y desaparecer, dejándote el problema de enfrentar a los Moretti en una guerra. Porque por supuesto, si esa grabación sale a la