—¡Silvia me lo dijo! —grité, comenzando a ver borrosos por las lágrimas que amenazaban por salir—. Me dijo que era un cebo. Que todo era una trampa para que los Moretti atacaran. Y Marcello… Marcello también lo sabía. Estuviste a punto de conseguir lo que querías, ¿verdad? Una guerra. Una excusa para acabar con ellos. Y yo fui el precio.
El recuerdo de todo cayó sobre mí. La rabia, la impotencia, la forma en que me di cuenta tan tarde, cuando ya estaba en el suelo suplicando por respirar.
—¡