El día había iniciado perfecto. Tan perfecto por la posibilidad de conseguir un empleo en la floristería, pero todo se fue al caño en menos de veinticuatro horas. Ahora estaba con las manos atadas en la espalda, una cinta adhesiva en la boca, el rostro cubierto con una especie de bolso de tela y dentro de una furgoneta con tres maleantes.
¿Cómo había terminado aquí? Bueno, para explicárselos tengo que comenzar desde el principio. Exactamente, dieciocho horas antes de la tragedia.
••18 hora