Cerré los ojos, esperando que esto fuera un sueño, una alucinación. O en el mejor de los casos, que me pudiera fundir en la madera del escritorio.
—¿Vas a salir por tu propia voluntad o quieres que te saque a mi manera? —preguntó nuevamente, la silla donde estaba sentada fue rodada hacía atrás junto con él, dejándome un considerable espacio para que yo saliera.
Pero salir significaba enfrentarme a ese hombre y el hecho de que estaba oculta como rata dentro de su importantísima oficina.
Podía