Respiré profundamente su olor, su fragancia varonil, esperando que los temblores en mi cuerpo se detuvieran. Restregué mi rostro bañado en lágrimas en el saco de su camisa, pero no pareció importarle el hecho de que hubiera ensuciado su costosísima tela.
En cuestión de segundos, me depositó con cuidado en una cama. Analicé el área rápidamente, mis sentidos aún alertas.
Esta habitación… no la reconocía.
La cama era enorme, como la que tenía en mi habitación. Pero estaba cubierta por sábanas ne