Guardamos silencio, observando el cuerpo tembloroso de Vittoria hasta que los espasmos por fin se detuvieron. Con un movimiento profesional, la colocó de costado, causando que ella tomara una gran bocanada de aire, sus ojos cerrados, como si estuviera dormida. Cómo si casi no me causará un infarto.
No pensé… que ella, quién siempre aparentaba estar bien y mantenía aquel humor jocoso, estuviera enferma.
No fui capaz de decir nada. No mientras lo veía trabajar en silencio, con una familiaridad