••Narra Evangeline••
No sabía cuánto tiempo había pasado en ese sótano. Tal vez una eternidad. O al menos, así era como me sentía. Cada minuto era una tortura. Mis ojos iban de la puerta, con la esperanza de que Cipriano entrara, al mechón de cabello sobre mi regazo, recordándome que en estos momentos estaba en los dominios de Marcello.
Hice lo posible por calmar mi respiración, porque cada vez que se descontrola o sollozaba, la bilis subía por mi garganta. Tenía miedo de morir ahogada por mi