La rabia me subió por el pecho, caliente, hirviendo. Me levanté del sofá con el papel en mano y salí al pasillo. Mis pies descalzos apenas hacían ruido en los escalones.
Comidas, viajes, hombres…
Se supone que este lugar estaba a mi nombre o al menos eso es lo que me había dicho Enzo. No estaba alquilando, era una compra directa y yo fui colocada como la propietaria.
Entonces, ¿por qué tenía que actuar como si estuviera viviendo en una cárcel? ¿No quería poner una regla también para decir