Antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba haciendo, mis pies se movieron por si solos, volviendo al comedor. Me quedé de pie en el centro de la puerta, como si fuera un fantasma.
Silvia se encontraba sonriendo mientras observaba a Cipriano, contándole sobre ideas de la fiesta, pero Cipriano, como si tuviera un imán, tenía sus ojos sobre mí.
—No quiero una fiesta grande, solo personas en las que de verdad se pueda confiar —Le respondió a Silvia, pero me miraba a mí.
—Está bien. Dame