Cerré la puerta con tanta fuerza que el sonido retumbó en la habitación. Quise echarme en la cama, gritar de rabia, llorar de frustración, tirar las sabanas. Pero no lo hice, porque era inútil. Porque no me llevaría a ningún lugar.
Necesitaba accionar, crear un plan e irme de aquí lo más pronto posible.
Fui hasta el vestier, tomando el bolso más grande que encontré y metiendo mi ropa de forma desordenada. Yo más que nadie sabía lo frías que eran las calles de Italia en esta temporada y sin