DALTON
El sol entraba en el Penthouse a través de los ventanales, lanzando haces de luz sobre los cuerpos enredados sobre la cama. Lía y yo, estábamos desnudos bajo las sábanas desordenadas, todavía olíamos a se**xo por la ronda que tuvimos hace apenas unas horas. Debo admitir que me estaba volviendo adicto a ella.
Mi mamá otra vez se había apiadado de mi vida amorosa y decidió no aparecer por casa. Bendita seas, Amanda Keeland, porque le había dado tan duro a mi Lía, que no había dejado de gri