LÍA
Me quedé petrificada. Sabía que si no actuaba rápido, el mundo me podría cambiar de un momento a otro si no reaccionaba rápido, pero mis piernas decidieron ser plomo y el mundo se detuvo cuando sentí la mano de Amanda apretar la mía con fuerza de hierro. La vi a los ojos, buscando respuestas, pero lo único que encontré fue la mirada frenética de una mujer que lleva veinte años controlando dramas familiares y aprendió a sobrevivir a base de puro susto.
— ¡Por todos los santos y los Jesucrist