—No, no se preocupe, ¿Cómo cree?, usted nunca molesta. Más bien, yo me tengo que ir ahora mismo. Solo vine para verlos un momento, porque tengo un asunto pendiente con mi padre y me está llamándome a cada rato,
—¿Pero no te quedarás a cenar con nosotros? Quédate un rato, hija, siéntete en casa.
—No, de verdad, tengo que irme. Con gusto, vengo otro día y almorzamos juntos.
La muchacha se recogió el cabello rubio en una coleta y se ajustó el bolso negro sobre su hombro.
—Acompáñala a la puerta, D