Serena seguía sin creer lo que su primo le acababa de decir, pero recordó su advertencia: “No te creas todo lo que te diga”. Seguramente solo era una broma y en cualquier momento él se reiría y desmentiría todo.
—¿Por qué te ríes, nena? —preguntó Daniel.
La sonrisa de Serena se borró y el silencio volvió a caer entre ambos.
—Me gustas, Serena. Me gustas mucho.
Las palabras de Daniel seguían haciendo eco en la mente de Serena, quien no se había movido ni un centímetro mientras sentía como su cor