Daniel se observó frente al cristal y se acomodó el cuello de la camisa, torciéndolo unos centímetros hacia la derecha hasta alcanzar el aspecto deseado, ignorando las palabras de su compañero, que seguían intentando hacer paso en su oído. Cruzó la puerta del lavabo masculino y se adentró nuevamente en la elegante sala del restaurante, que lo recibió con los brazos abiertos. Siguió colándose a través de la gente que se desplazaba de un lugar a otro y finalmente su mirada la encontró. Estaba sen