La madrugada lo encontró despierto. El apartamento estaba en silencio, pero su mente era un caos. Julián no podía dejar de revivir la escena: Camila jadeante, con el rostro encendido por el placer... y la puerta abriéndose con violencia. El rostro del padre de Camila congelado en shock, traición y furia. La imagen lo perseguía como un fantasma que no lo dejaba en paz.
Habían pasado semanas desde aquel momento. Se había refugiado en su apartamento de soltero, el mismo que usaba en sus años más