Camila no salió de su habitación durante tres días. Apenas comía. Apenas dormía. Las paredes parecían cerrarse sobre ella. El recuerdo de Julián, de su lengua en su piel, de su cuerpo arrodillado frente a ella, la perseguía en cada rincón. Y sobre todo… el rostro de su padre, partido en dos entre la traición y el dolor.
Julián había desaparecido. Se había ido sin decir nada más. Como si nunca hubiera existido entre esas paredes. Como si el fuego que compartieron no hubiera dejado cenizas tras d