El día se sintió más largo que de costumbre. Julián apenas la miraba, fingiendo estar ocupado todo el tiempo. Camila lo observaba desde la ventana, con el pecho apretado, tragándose los celos que le ardían como fuego bajo la piel.
Había pasado apenas una semana desde la noche en que se entregaron por completo. Y desde entonces, él se había vuelto una sombra: presente, pero lejano. Cada vez que ella se acercaba, él desviaba la mirada, como si nada hubiera pasado. Como si su lengua no la hubiera