El asco también pasó a un segundo plano, dejando a la melancolía ganar terreno poco a poco. El desgano impregnaba el ambiente, era una abulia perenne e insoportable. No podía dormir y cuando conseguía hacerlo, muchas veces terminaba soñando con él, circunstancia que le generaba profundos sentimientos encontrados. En el día sufría por Santiago, en las noches lo amaba como si no hubiese pasado nada. Santiago, tampoco conseguía sosiego, sus aflicciones estaban acabando con su raciocinio.
Nada tení