La ceremonia fue acogedora, solo para la familia, unas sesenta personas por parte de Santiago y unas escasas veinte por la de Christina. No hubo dama de honor, en cambio, el ramo de flores de la novia fue sostenido y el velo fue arreglado con ahínco, por Andres que lucía muy elegante, ataviado en un traje de tres piezas color lila oscuro, a juego con la decoración de toda la boda. A la salida de la iglesia para ver a Christina, aguardó Tilza, quien lloraba en un torbellino de emociones indescif