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-No te odie, mentí, solo te amé dolorosamente -admitió sollozando-. Lo siento, no debí

pensar en mentirte.

Sí algo comprendió Christina, en la ausencia de Santiago, fue que el roce era algo fundamental para la vida. El acto amatorio de juntar piel con piel era necesario, sin ello, carecía de sentido o propósito. Por eso no dudó en dar un paso adelante y lo jaló por el cuello, atrayéndolo con premura hacia sus labios para sellar aquel encuentro como un trato, uno en donde decidieron nunca más es
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