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Cuando volvió a abrir los ojos, la luz de la mañana se colaba por la ventana. Estaba sola en la cama y un delicioso aroma provenía de la cocina. El estómago le rugió en señal de protesta, por lo que se apresuró a lavarse los dientes para ir a satisfacer la apremiante hambre que la mortificaba, tanto de alimentos, como de ganas de manosear a cierto hombre.

-¿Por qué estás despierta? Te iba a llevar el desayuno a la cama.

Christina se acercó y lo abrazó desde atrás, restregando su rostro contra s
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