Le pareció que se veía nerviosa, suposición que confirmó al verla llevarse un mechón de cabello detrás de la oreja, gesto que hacía cuando se sentía de esa manera. Respiró hondo, profundísimo, estaba tan celoso, que tenía ganas de recorrer los metros que los separaban, echársela sobre el hombro como un cavernícola y secuestrarla. Quería darle el beneficio de la duda a Dilan Pablo, que de repente, ya no le pareció tan buen doctor.
-Entonces cuéntame -dijo Dilan Pablo, dándole un sorbo a la taza