-¿No tienes ganas? -preguntó con sosiego, Santiago.
-Mmm no sé -pretendió indiferencia -convénceme -continuó apartándose el cabello de la coleta que le caía sobre el cuello, explicándole con ese gesto que deseaba que la besara ahí.
-Entiendo. Ya te voy a convencer.
Santiago enrolló el cabello en su puño, tirando de este con soltura, hasta despejar todo el
espacio de la nuca para depositar un beso simple y certero que se repitió en una sucesión lineal por el cuello, alternándolo con ligeras mord