Mundo ficciónIniciar sesiónYudith y Max tenían tres años de casados, compartían la misma casa, pero en esos tres años él nunca la tocó. Su actitud hacia ella era fría y distante, como el hielo. De pronto, Yudith se cansó y pidió el divorcio, y ahí se enteró de la dura realidad: Maximiliano Hamilton se había casado con ella por venganza y no pretendía dejarla ir. ¿Podrá Yudith conmover el frío corazón del CEO arrogante y librarse de este matrimonio por venganza?
Leer másPor otro lado, Conrad llegó en un auto negro y se desmontó frente a la vieja casa de Federico Song. Su enfermedad estaba avanzada y se sentía débil, por lo que ahora tenía que usar bastón. Después de tocar ligeramente la puerta por segunda vez, una mujer le abrió.—¿En qué lo puedo ayudar? —preguntó la mujer.—Hola, mi nombre es Conrad Hamilton. ¿Se encuentra el señor Federico?Al escuchar el apellido del hombre, lo invitó a pasar de inmediato, ya que ella era una cuidadora pagada por Max.La mujer lo guió en dirección a la terraza detrás de la casa. Conrad se detuvo en la puerta, desde donde pudo ver al anciano sentado en una mecedora antigua. El hombre estaba distraído, mirando hacia el vacío, perdido en sus pensamientos.Cuando la mujer le habló, dijo:—Señor Song, alguien lo busca.Federico escuchó a la mujer y miró en dirección a la puerta, encontrándose con una figura desconocida y, a la vez, familiar. Conrad se acercó apoyándose sobre su bastón. Federico inmediatamente se levan
---—Por cierto, señora, ¿sabe qué fue lo que pasó?—Escuché el ruido de la ambulancia frente a la casa y salí corriendo. Alcancé a ver cómo se llevaron a la señorita esa en la camilla —Nani hizo una mueca de desdén antes de continuar—. Al parecer, se golpeó y derramó mucha sangre. No se veía muy bien.Yudith recordó la imagen de Cecilia tirada al final de la escalera, bañada en sangre, y se encogió de hombros. Luego de pensarlo, se sintió un poco preocupada de que se haya lastimado mucho; después de todo, también era un ser humano. Al momento de ver a Max en su cuarto, pensó que quizás él iba a mencionar el tema, pero inesperadamente no dijo absolutamente nada.Eso la hizo respirar un poco aliviada, ya que el regreso de Max significaba que la cosa no era tan grave.—Yo tampoco sé nada sobre lo que sucedió —respondió Yudith y procedió a comer la sopa que le trajo Nani.Yudith aún estaba un poco pálida y Nani lo notó y preguntó:—Señora Deverda, ¿está bien? ¿No quiere ir al hospital o
Después de unos minutos, Max bajó al primer piso. Al descender la escalera, una niña chocó contra él y cayó sentada en el piso. Naturalmente, se golpeó muy fuerte y sus ojos se llenaron de lágrimas, rompiendo en llanto de inmediato. Max frunció el ceño, preguntándose de dónde había salido esta niña.Luego hizo memoria y recordó la petición de Yudith de albergar a una niña. ¿Entonces? Esta debe ser de la que habló Yudith.Max se puso un poco nervioso; jamás había tratado con niños, por lo que frente al llanto de esta no sabía cómo reaccionar. Pero al verla sollozar y estrujarse los ojos, se agachó y la levantó del suelo con suavidad.—¿Estás bien?La niña lo miró; sus ojos eran brillantes e inocentes.—Perdón, tío —dijo Samantha.—¿Tío? —Max sintió una sensación extraña. ¿Por qué la niña lo llamó tío?Max la ayudó a secarse las lágrimas.—Solo fue un accidente.Samantha lo miró con los ojos llorosos y rojos. Max sintió una punzada de incomodidad.—Vamos, ¿te duele algo? —preguntó mient
—Estoy bien, seguro es algo que comí —murmuró Yudith, sosteniéndose en el lavabo mientras su rostro reflejaba mucha palidez y gotas de sudor. —No parece solo eso —insistió Max, acercándose para sostenerla—. ¿Estás segura de que no necesitas ver a un médico? —De verdad, estoy bien —respondió Yudith, forzando una sonrisa que no alcanzaba a sus ojos—. Solo necesito descansar un poco. Max la ayudó a levantarse y la llevó en brazos de regreso a la cama. El hombre la observó mientras ella se acomodaba bajo las sábanas. Inicialmente, iba a reclamarle por su encuentro con Víctor, pero al encontrarla en este estado, se tragó las palabras que tenía en la punta de la lengua. Yudith se sentía terriblemente mareada y débil, pero esto se debía al nuevo tratamiento que empezó a tomar. Víctor le advirtió que al principio de tomar la pastilla sentiría mareos, ganas de vomitar y debilidad. Ella parpadeó mientras miraba el rostro del hombre que la observaba intensamente. Pensó que en ese momento con
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