El precio de la luz
La ciudad de Nueva York se extendía ante ellos, un mar de luces de neón y latidos humanos que, desde el ático del Aethelgard, parecían estrellas distantes. Había pasado una semana desde la caída del Nadir. El Cónclave era ahora una estructura descabezada, con Valerius intentando recoger los pedazos en las sombras, pero para Amelia, la verdadera guerra acababa de empezar.
Amelia se miró en el espejo de cuerpo entero. Vestía un sencillo vestido de seda azul, el tipo de rop