Tres meses habían pasado desde la caída del Archon y la disolución formal del Cónclave. Tres meses en los que Nueva York había aprendido a bailar bajo un nuevo tipo de sombra, una que podía caminar a la luz del día. Desde el ático del Aethelgard, ahora renombrado como el Nido de Plata, Amelia Vance y Julian gobernaban. No desde un trono de hueso, sino desde el corazón palpitante de una red de información y poder que se extendía por la ciudad.
El "ejército" de parias se había transformado en los