El cielo de Argentia se había convertido en un caleidoscopio de oro y muerte. La Esfera de Diamante de los Arquitectos ya no enviaba ondas de silencio; ahora, miles de "Pétalos de Reescritura" se desprendían de su superficie, descendiendo sobre la Ciudadela como una lluvia de cuchillas doradas. Dondequiera que estos pétalos tocaban el suelo, la materia no se destruía, se reorganizaba. Un jardín de flores naturales se convertía en un bloque de polímeros perfectos en segundos. Un edificio de pied