El polvo de diamante todavía flotaba en la atmósfera de Argentia, creando atardeceres de un color carmesí antinatural que recordaban a los ciudadanos el precio de su supervivencia. En las plazas, las estatuas de mármol que no pudieron ser revertidas a tiempo fueron rodeadas de flores de cristal, convirtiéndose en monumentos permanentes a la fragilidad de la carne.
Julian Vance no estaba en el palacio celebrando. Estaba en la terraza del Nexo, sentado en un banco de piedra simple, lejos de la po