La victoria sobre la primera oleada de los Tejedores había dejado a Argentia envuelta en una luminiscencia febril. El escudo planetario, ahora imbuido con la identidad de los Vance, palpitaba con un color opalescente que recordaba a la superficie de una perla. Sin embargo, dentro de la Ciudadela, la atmósfera no era de triunfo, sino de una introspección pesada.
Amelia se encontraba en sus aposentos privados, una estancia circular construida con cristal de roca que permitía ver el baile de los d