El impacto del primer rayo de luz negra contra el escudo orbital de Argentia no produjo un sonido, sino una vibración metafísica que hizo que cada ser vivo en el planeta experimentara, por un microsegundo, la sensación de su propia inexistencia. En la Ciudadela, los cristales de las torres se tornaron opacos, como si la luz misma hubiera sido robada por el agresor.
Alistair, en su forma de Dios de Plata, se encogió en el aire, con su silueta parpadeando violentamente. Julian corrió hacia él, pe