La estructura del Génesis de Obsidiana vibraba con un pulso orgánico. No era una nave de metal muerto; las paredes de obsidiana extraídas del Nadir reaccionaban a la presencia de Julian, y los filamentos de plata que recorrían los pasillos palpitaban con el ritmo cardíaco de Amelia. En el centro neurálgico, una esfera de luz pura servía como el sol artificial que mantenía con vida a los miles de vampiros y humanos leales que habían elegido el exilio sobre la servidumbre.
Julian caminaba por el