Tres años después del Tratado del Crepúsculo...
Manhattan ya no se parecía a ninguna ciudad de la Tierra. Desde la distancia, la isla parecía envuelta en una aurora permanente, una cúpula de energía iridiscente que filtraba la luz solar, convirtiéndola en un resplandor suave y perlado. Los rascacielos habían sido reforzados con filamentos de plata y obsidiana, y entre ellos, puentes de luz sólida permitían el tránsito de seres que ya no necesitaban las calles de asfalto.
Bajo el mando de Julian