Llegué a la mansión cuando el sol ya se escondía.
Las luces del vestíbulo estaban encendidas. Los guardias en su puesto. Todo parecía normal. Pero algo en el aire me decía que no lo era.
Crucé la puerta principal. Caminé hacia las escaleras.
Y entonces lo vi.
Ezra estaba apoyado en la barandilla del segundo piso. Con los brazos cruzados. La mirada fija en mí.
No parecía contento.
No parecía enojado.
Parecía algo peor. Algo que no supe nombrar. Como un volcán a punto de estallar. Como una tormen