El día llegó.
Y con él… todo el peso de los últimos diez años.
Me levanté antes de que el sol asomara. Me vestí con cuidado. Un traje sencillo, oscuro. Nada que llamara la atención. Solo yo. Una madre que había esperado muchísimo para este momento.
Cuando bajé, Alexander me esperaba en el vestíbulo. Traje oscuro, expresión seria. No preguntó si estaba lista. Solo extendió la mano.
La tomé.
—Voy a estar ahí —dijo—. Pase lo que pase.
Asentí. No hacían falta más palabras. Su sola presencia era mi