La distancia empezó a doler más de lo que esperaba. No era que Alexander me evitara por completo. Seguía ahí. En la casa. En las comidas. En los silencios. Pero ya no me buscaba.
No había roces casuales. No había miradas largas. No había esa tensión que antes nos consumía.
Y eso me estaba cansando.
Porque no sabía en qué punto estábamos. Porque no sabía si lo que habíamos tenido… seguía existiendo o ya se había roto sin que nadie lo dijera en voz alta.
Y yo no tenía tiempo para eso. No ahora. N