El día pasó lento. Demasiado lento.
Mi mente no dejaba de dar vueltas. Las fotos en mi teléfono. Los nombres. La deuda. Konstantin. Nikolai. Todo enredado como una madeja que no sabía por dónde empezar a desenredar.
Pero eso iba a cambiar.
A la mañana siguiente, Alexander salió temprano. Negocios. No me dijo a dónde, y yo no pregunté. Esta vez, su ausencia me venía perfecta.
En cuanto su auto cruzó las rejas, me moví.
Elegí ropa indicada para ese tipo de lugares. Guardé todo en un bolso y salí.