El día que Susan cruzó una línea que no debía cruzar, Conall también la cruzó, fue en el despacho principal, con el llanto de la bebé sonando en algún lugar del piso superior, Susan, con un papel en la mano, sonreía de esa forma que a Conall siempre le había resultado… plástica.
—Quiero esta empresa —dijo, señalando uno de los activos más rentables del conglomerado— A mi nombre, o juro que no volverás a ver a la niña.
Conall la miró largo rato, como quien ve un insecto y decide si ir por el rep