Conall jamás había olvidado las maldiciones, las súplicas y los insultos que Susan le lanzó la noche en que la mató, tampoco había conseguido borrar de su memoria aquella mirada cargada de odio mientras la sangre le cubría el rostro, como si él hubiese sido el único culpable de toda aquella tragedia, como si Susan no hubiese tenido ninguna responsabilidad en la muerte de sus padres.
Durante veintidós años había revivido aquella escena una y otra vez, veintidós años escuchando, en medio del silen