El cielo amaneció plomizo sobre la ciudad, como si presintiera que ese día marcaría un antes y un después. Pamela despertó con el peso de la tensión en los hombros, pero también con una determinación inquebrantable. Cristhian, a su lado, le tomó la mano sin decir una palabra. Ya no era necesario. Ambos sabían que ese día, la verdad comenzaría a salir a la luz. Y esta vez, no habría forma de detenerla.
Theresa había pasado toda la noche corrigiendo cada detalle del artículo. No se trataba sólo d