El silencio era tenso, el aire cargado de una electricidad invisible que erizaba la piel. Pamela y Cristhian estaban sentados frente a Miriam en el estudio privado de la casa, un lugar que hasta ese momento había sido refugio y escenario de confesiones íntimas. Pero esa noche, era un tribunal.
Miriam bajaba la mirada, sus dedos entrelazados con rigidez, y un leve temblor en su voz delataba el peso de lo que estaba a punto de decir. Pamela, con el rostro endurecido por la incertidumbre, no dejab